lunes, 1 de julio de 2013

EDWIN ROGER SANCHEZ VILLARROEL


De Trujillo-Lima, Perú

SED DE SUS BESOS

La busco y la espero desde siempre,
la busco con vehemencia
y la espero con ansia,
y del brío y el empeño
de tanto buscarla y esperarla
se va nutriendo mi demencia.

Y es que ella ha sido concebida
con estampa de diosa y encanto de musa,
y su copiosa y bruñida cabellera
es a veces ondulada o veces livianamente lacia,
es a veces tan rubia como el sol
o a veces simplemente gris como el atardecer.

Sus grandes ojos traviesos,
cristalinos como caudal de manantial
a veces son azules como el mar,
a veces son tan verdes
como la hierba que cubre las praderas
o a veces solo oscuros
como el tupido manto vespertino.

Sus labios suculentos y encarnados
descuellan siempre cual pétalos de rosa cubiertos de miel
y su risa graciosa y delicada
siempre es fresca y perfumada
como brisa ligera que fluye en la alborada.

Su seductora faz de facciones exquisitas
y toda su piel de tersa hermosura y efluvio sensual,
es a veces blanca rosa cual primorosa flor,
a veces sutilmente bronce cual caricia de sol
o a veces cetrina como canela fina con nimbo arrebol.

Y es tan dulce y tan tierna,
es tan sabia y amorosa,
y su alma generosa
es alegre, apasionada y vivencial,
que urgente la tengo que alcanzar
porque de su boca necesito un beso;
un beso infinito y caudaloso,
un beso que redima,
un beso que alimente,
un beso que enseñe a saborear un beso,
un beso que se impregne y que acompañe siempre,
un beso que automáticamente
incite a otro beso indefinidamente,
un beso que me sacie esta sed de sus besos,
un beso que prometa el paraíso eternamente.

Tal vez sea ingenuo mi afán
pero ansío con locura ese ardiente beso,
tal vez es ambicioso mi afán
pero me apremia mucho ese gozoso beso,
por eso la busco y la espero desde siempre,
la busco con vehemencia
y la espero con ansia,
y el brío y el empeño de tanto buscarla y esperarla
van nutriendo y nutriendo mi demencia.

Por eso me urge ese benigno beso
prodigado en la tibieza de su aliento,
para que sosiegue mi tormento
de siempre buscarla y esperarla,
y que por fin al estrecharla
y al ser sanado por sus besos,
deje atrás esta locura
y me tornen la razón y la cordura.

Edwin Roger Sánchez Villarroel


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