lunes, 1 de diciembre de 2014

GLORIA RAFAELA POMA PETTI






De Buenos Aires, Argentina

EL DURAZNITO


Francesca era la mejor alumna del Sagrado Corazón de Jesus. Sobresalía en lengua y formaba parte del equipo de voley a nivel competitivo.
Días largos en el colegio!
Al traspasar el umbral de su hogar iba despojándose a cada paso de su bolso, carpetas, uniforme, zapatillas. Lo primero era ir rumbo hacia la cocina para devorar una primera rodaja de pan casero. Después hacia la quinta para ver el duraznero y en él un duraznito especial!
Admiraba a su papá.
Luca-un reconocido ingeniero agrónomo-solía decirle que ese fruto jugoso, dulce, aromático, sería un regalo. que le daba el duraznero sólo para ella.
Amaba ese fruto.
Francesca Gianna-conservaba los dos apellidos materno y paterno. Ya iba anidando en sus sentidos el amor por la naturaleza y la pasión por la vida de campo.
Con su padre compartían momentos juntos,siempre agradables en la quinta de los fondos de la casa.
Quinta donde también se podía caminar entre senderos llenos de hortensias, campanillas azules, flores de lavanda,rosales, margaritas puramente silvestres y muchas mariposas
Con su tijera de podar casi siempre en la mano usaba un sombrero de paja clara deshilachado para disimular sin quererlo un poco las brillantes canas .
Se destacaban sus ojos verdes pobladas de guesas cejas.
El duraznito estaba escondido bajo una maraña de hojas. Una suerte de amplio caparazón móvil muy verde. Estaba protegido, resguardado por aserradas hojas con las nervaduras bien marcadas como si fueran los brazos fuertes de papá y las manos protectoras de su mamá.
Para verlo había que usar las dos manos y separar bien las hojas. Como si fuera un diagrama de artesanía.
Pendía de una rama interior que parecía esconderse entre las otras. Recibía amables rayos del sol de la primavera..
Se había convertido en un ritual el ir a observar como el duraznito crecía y se sonrojaba.
Un secreto entre ella y su padre.
Tiernamente escondido con esa espera cómplice de revisarlo entre ambos
Charlas,
sonrisas.
dias de sol!
Tenia que esperar Francesca aun dos o tres días para probarlo.
Ojalá los gorriones no le rompieran la piel más madura. ! O que ningún otro insecto lo picoteara.
Francesca estaba feliz!
Estaba a punto de convertirse en el tentador postre almibarado de piel naranja.

Día siguiente.
Llego de visita su tia Andrea.
De riguroso luto, pollera y saco , rodete anudado con un lazo negro,zapatos de charol negro- le daban algunos centímetros a su mediana estatura-. Era la hermana menor del papá de Francesca.
Su debilidad además.
Andrea era la mas pequeña de cuatro hermanos ,Luca se sintio responsable por su cuidado desde pequeñita..Ahora su tía lucía débil, pálida, tan blanca como una hoja de papel .
Frágil por la reciente pérdida de su esposo .
Ella estaba acostumbrada a disponer de todo y su hermano siempre la complacía. Parecía que en Luca el dolor de su hermana se magnificaba.
Por supuesto le mostró con orgullo la quinta. Frente al duraznero recordaron algunas historias de las familiares.
- Te acordás Luca cuando la abuela preparaba la jalea de durazno con cascaritas?
- No había nada más lindo que probar esas tostadas con mermelada casera -
- Siempre había melocotones frescos en la frutera de mimbre sobre la mesada -
- Extraño las tartas con duraznos -

Francesca llego a casa. Corrió hasta la quinta.
Esa tarde fue otra.
- ¿Donde está?...
¿Que pasó?..
¡No lo veo papá!...
¡Ayudame a buscarlo papi!

Entonces la pena.
Se sintio apesadumbrada , con bronca .
Sensación de tristeza , desilusión.
Su tía se había llevado el duraznito no solamente del árbol sino de su corazón.
Francesca esperaba que su padre lo cuidara en su ausencia , que hubiera sido capaz de reservarlo.
- ¡Ese no Andrea!..
- Es de Francesca
- Es especial !Seguimos su proceso.
- Se lo prometí a tu sobrina

Un día antes habían decidido dejarlo madurar pero su papá se lo entregó a Andrea .
Francesca adoraba a su durazno. Ahora se lo habían robado.
Con los años Francesca comió mil y un duraznos de los más dulces y deliciosos.
Ninguno fue tan suyo como "aquel" del duraznero de la quinta de los fondos de la casona de tejas.

Escritora Gloria Rafaela Pompa Petti
  

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